Nuestros orígenes e historia
Nuestra historia es una de las partes más interesantes de La Casona del Duero, y hoy te contaremos todos sus detalles y secretos.
Cuando el visitante contempla por primera, o por segunda, vez una casa rural como La Casona del Duero lo primero que se pregunta, casi seguro, es ¿qué hace una casa de dos aguas en Castilla? Y es cierto. Choca bastante que una construcción de marcado carácter alpino aposente sus reales en pleno valle del Duero, cercada por viñedos y pinares. Tiene su explicación, claro, como todo. Y es sencilla:
Allá por el final de la década de 1970, una de las familias con más predicamento de Villanueva de Duero, la localidad en la que está La Casona, adquirió una parcela contigua a su vivienda familiar. Quería construir en ella una vivienda para su hijo. Compraron la antigua panadería, derribaron las desgastadas casas de ladrillo y adobe y construyeron lo que ahora ves en las fotos. ¿Pizarra?, ¿tejado a dos aguas? Parece algo más propio de los Alpes. Y sí, lo es. Como reza el principio de la Navaja de Ockham, cuando eliminas todas las posibles soluciones de un problema, la más sencilla es la que lo resuelve.
Al padre de la familia le había gustado una edificación igual que vio durante un viaje por Francia. Total, que se hizo con los planos y se los dio al constructor. Y la construyó. Y muy bien, por cierto.
Allá por los primeros albores de 1990, cuando los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo engrasaban la maquinaria, la casa quedó vacía. Unos ejemplares del diario El Norte de Castilla fechados en el primer trimestre de 1992 fueron, a partir de ese momento, los únicos habitantes del lugar.
Mientras La Casona, impertérrita, se mantenía en pie sin deterioro alguno, Villanueva fue creciendo y creciendo. Su proximidad a Valladolid, apenas 20 kilómetros muy bien comunicados, provocó que su población aumentara. Surgieron nuevos negocios en una villa tradicionalmente dedicada a la viticultura y el Ayuntamiento promovió una Feria de Artes y Oficios que, a mediados de octubre, convierte la localidad en un interesante remedo de lo que era el pueblo cuando se fundó. Una feria en la que participan todos los vecinos, recreando oficios antiguos y mostrando a las nuevas generaciones cómo se vivía no hace tanto tiempo.Pero eso será objeto de otra entrada en esta bitácora. En unas semanas.
Estábamos en que La Casona se quedó vacía. Y a la venta. Pero nadie la hizo mucho caso. Grande, abandonada, con el jardín devorado por la maleza, lo único que parecía llamar la atención era la inflorescencia que acabó por producir el cabuyo, pita o agave americano que había plantado en el jardín y que daba al lugar más aspecto de Almería o Lanzarote que de Castilla.


